Marte ha fascinado a la humanidad desde que los primeros telescopios mostraron manchas y casquetes polares en su superficie. Hoy, gracias a décadas de sondas, orbitadores y vehículos exploradores, sabemos que fue un mundo muy distinto del desierto helado que vemos ahora, y que quizá pudo albergar condiciones favorables para la vida.
Las imágenes orbitales muestran cauces secos, deltas y lechos de antiguos lagos. Los rovers han encontrado minerales que solo se forman en presencia de agua líquida, como arcillas y sulfatos. Hace unos tres mil quinientos millones de años, Marte tenía una atmósfera más densa y agua en su superficie. Con el tiempo perdió su campo magnético global y el viento solar fue erosionando su atmósfera hasta dejarla muy tenue.
El planeta actual es frío, seco y con una presión atmosférica menor al uno por ciento de la terrestre. La atmósfera es principalmente dióxido de carbono. Aun así, hay hielo de agua en los polos y bajo la superficie, estaciones con tormentas de polvo y variaciones notables de temperatura entre el día y la noche. Los cráteres, volcanes gigantes como el monte Olimpo y cañones inmensos como el Valles Marineris lo convierten en un mundo geológicamente espectacular.
Desde los primeros vehículos pequeños hasta los rovers actuales del tamaño de un automóvil, cada misión ha incorporado instrumentos más sofisticados. Los más recientes perforan rocas, analizan su química, guardan muestras selladas en tubos y llevan un helicóptero experimental que demostró que se puede volar en la tenue atmósfera marciana. Las muestras recolectadas están pensadas para ser traídas a la Tierra en futuras misiones.
Los científicos buscan biofirmas, señales que indiquen procesos biológicos pasados o presentes, como moléculas orgánicas complejas, patrones químicos en las rocas o estructuras microscópicas. Se han detectado compuestos orgánicos y variaciones estacionales de metano, pero ninguna prueba concluyente de vida. Interpretar estas señales exige mucha cautela porque procesos no biológicos pueden producir resultados similares.
Enviar personas a Marte es mucho más complejo que enviar robots. El viaje dura varios meses, expone a los astronautas a radiación cósmica, y la gravedad marciana, de un tercio de la terrestre, tiene efectos aún poco conocidos. Se requieren sistemas de soporte vital muy confiables, aprovechar recursos locales como el agua y el dióxido de carbono, y planear el regreso, que depende de alineamientos orbitales favorables.
La idea de transformar Marte para hacerlo habitable es popular, pero enfrenta obstáculos enormes. Probablemente no hay suficiente dióxido de carbono accesible para engrosar la atmósfera, y la falta de campo magnético dificultaría retenerla. Por ahora es un tema de estudio teórico, no un proyecto realista a corto plazo.
Marte tiene dos pequeñas lunas, Fobos y Deimos, probablemente asteroides capturados o restos de un impacto antiguo. Fobos orbita tan cerca que se acerca lentamente al planeta y, dentro de decenas de millones de años, se fragmentará. El polvo marciano, muy fino, es otro desafío para los equipos: se adhiere a paneles solares y a trajes, y las grandes tormentas pueden cubrir el planeta durante semanas.
La exploración de Marte es un esfuerzo global: agencias de Estados Unidos, Europa, China, India, Emiratos Árabes y otros países mantienen orbitadores y rovers. Compartir datos y tecnología acelera el conocimiento y reduce costos, y las misiones futuras de retorno de muestras dependen de esa cooperación.
Marte continúa siendo un laboratorio natural para entender cómo evolucionan los planetas y cuáles son las condiciones para la vida. Cada misión nos acerca a responder si estamos solos en el universo.