Cuando pensamos en lugares del Sistema Solar donde podría existir vida, solemos imaginar Marte. Pero algunos de los candidatos más prometedores están mucho más lejos, en lunas de los planetas gigantes cubiertas de hielo. Bajo sus cortezas congeladas se esconden océanos de agua líquida.
Europa es un poco más pequeña que nuestra Luna y tiene una superficie de hielo muy brillante y joven, cruzada por grietas y líneas. Las mediciones de su campo magnético y de su gravedad sugieren que bajo la corteza helada, de decenas de kilómetros de espesor, hay un océano global con más agua que todos los océanos de la Tierra juntos.
¿De dónde sale el calor para mantener líquida esa agua tan lejos del Sol? Europa orbita Júpiter en una trayectoria ligeramente elíptica, y la gravedad del planeta gigante y de otras lunas la estira y comprime continuamente. Esa deformación genera fricción interna y calor, un mecanismo llamado calentamiento por mareas, el mismo que alimenta el vulcanismo de la luna Ío.
Encélado, una pequeña luna de Saturno de unos quinientos kilómetros de diámetro, sorprendió a los científicos cuando la sonda Cassini descubrió chorros de vapor de agua y partículas de hielo que brotan de grietas cerca de su polo sur. Esos géiseres alimentan uno de los anillos de Saturno y permiten estudiar el interior sin necesidad de perforar el hielo.
Cassini atravesó las plumas y analizó su composición. Encontró agua, sales, dióxido de carbono, metano, hidrógeno molecular y compuestos orgánicos complejos. La presencia de hidrógeno sugiere reacciones entre el agua y las rocas del fondo marino, similares a las que ocurren en las fuentes hidrotermales terrestres, donde prosperan ecosistemas independientes de la luz solar.
La vida, tal como la conocemos, necesita agua líquida, fuentes de energía y elementos químicos como carbono, nitrógeno, fósforo y azufre. Estas lunas parecen reunir varios de esos ingredientes. Eso no significa que haya vida, solo que son lugares donde la pregunta merece investigarse.
La misión Europa Clipper, de la NASA, y la misión JUICE, de la Agencia Espacial Europea, fueron diseñadas para estudiar Europa y otras lunas heladas de Júpiter con instrumentos que analizan el hielo, el campo magnético y el espesor de la corteza. No aterrizarán, pero medirán si el océano existe, qué profundidad tiene y si hay lugares donde el agua se acerca a la superficie.
Explorar directamente el océano requeriría atravesar kilómetros de hielo con una sonda que resista la radiación y el frío extremo, además de esterilizarla para no contaminar. Son desafíos de ingeniería enormes, pero los científicos ya estudian conceptos futuros.
La lista de mundos con océanos subterráneos no termina en Europa y Encélado. Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, probablemente tiene un océano enterrado entre capas de hielo. Titán, la luna de Saturno, posee lagos de metano en la superficie y quizá un océano de agua en el interior. Incluso Plutón y Tritón podrían conservar agua líquida bajo el hielo. Esto sugiere que los océanos subterráneos podrían ser comunes en el sistema solar exterior, lo que multiplica los lugares donde los científicos pueden plantearse preguntas sobre la habitabilidad.
Las lunas heladas nos recuerdan que la vida podría estar en lugares inesperados. Cada misión que las estudia amplía nuestra imaginación sobre dónde buscar.