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Cómo nacen, viven y mueren las estrellas

Cómo nacen, viven y mueren las estrellas

Las estrellas parecen eternas, pero cada una tiene una vida con principio y final. Su historia es también la de los átomos que forman nuestros cuerpos: el hierro de la sangre y el calcio de los huesos se fabricaron en el interior de estrellas que murieron hace miles de millones de años.

El nacimiento en las nebulosas

Las estrellas nacen en nubes frías de gas y polvo llamadas nebulosas. Una perturbación, como la onda de choque de una supernova cercana, hace que una región se vuelva más densa. La gravedad la contrae y el gas se calienta al comprimirse. Cuando el núcleo alcanza unos diez millones de grados, comienza la fusión del hidrógeno y nace una estrella.

La secuencia principal

Durante la mayor parte de su vida, la estrella fusiona hidrógeno en helio y mantiene un equilibrio entre la gravedad que la comprime y la presión que la expande. Esta etapa se llama secuencia principal. El Sol está en ella desde hace unos cuatro mil seiscientos millones de años y permanecerá otros cinco mil millones aproximadamente.

La masa lo decide todo

La masa determina el destino de una estrella. Las muy masivas son azules, brillantes y viven poco, solo unos millones de años, porque consumen su combustible con rapidez. Las enanas rojas, pequeñas y frías, fusionan lentamente y pueden vivir billones de años, más que la edad actual del universo. Las estrellas como el Sol están en un punto intermedio.

El final de estrellas como el Sol

Al agotar el hidrógeno del núcleo, una estrella de masa media se hincha hasta convertirse en gigante roja. Después expulsa sus capas externas formando una nebulosa planetaria, un hermoso cascarón de gas, y deja su núcleo expuesto: una enana blanca, un objeto del tamaño de la Tierra pero con la masa de una estrella, que se enfría durante eones.

El final de las estrellas masivas

Una estrella mucho más masiva continúa fusionando elementos cada vez más pesados hasta llegar al hierro, que no libera energía al fusionarse. Sin esa fuente, el núcleo colapsa en una fracción de segundo y el rebote provoca una explosión de supernova, tan brillante que puede superar a toda su galaxia por un tiempo. Lo que queda es una estrella de neutrones o, si la masa es suficiente, un agujero negro.

Polvo de estrellas

Las reacciones nucleares en las estrellas y las explosiones de supernova producen los elementos más pesados que el hidrógeno y el helio. Los dispersan por el espacio, donde enriquecen las nubes que formarán nuevas generaciones de estrellas y planetas. Nuestro Sistema Solar nació de una nube enriquecida de esa forma.

Cómo lo sabemos

No podemos seguir una estrella durante millones de años, pero sí observar miles de ellas en distintas etapas, como quien ve un bosque con árboles de todas las edades. Los modelos físicos y los diagramas que relacionan brillo y temperatura permiten reconstruir el ciclo completo.

Estrellas dobles y sistemas múltiples

Muchas estrellas no viven solas: más de la mitad forman parte de sistemas binarios o múltiples. Esto cambia su evolución, porque pueden intercambiar materia. Una enana blanca que roba gas de su compañera puede acumular tanta masa que explote como supernova de un tipo especial, usada como candela estándar para medir distancias cósmicas.

Cómo medimos su edad

La edad de los cúmulos estelares se estima observando cuáles de sus estrellas ya abandonaron la secuencia principal. Como todas nacieron más o menos al mismo tiempo, las más masivas se apagan primero, y el punto donde empieza ese desvío funciona como un reloj natural para fechar el cúmulo.

Conocer el ciclo estelar nos recuerda que estamos hechos de materia reciclada por el cosmos. Cada vez que miras el cielo nocturno, observas fábricas de elementos en distintas etapas de su vida.

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