Quien ha mirado el cielo nocturno con paciencia seguramente ha visto una estrella fugaz. Esos destellos breves no son estrellas, sino pequeñas partículas de polvo y roca que entran en la atmósfera a gran velocidad. En ciertas épocas del año se vuelven mucho más frecuentes, y es lo que llamamos lluvia de meteoros.
Los términos suelen confundirse. Un meteoroide es un fragmento pequeño que viaja por el espacio. Cuando entra en la atmósfera y se calienta hasta brillar, el fenómeno luminoso es un meteoro. Si logra llegar al suelo, el trozo recuperado se llama meteorito. La mayoría de los meteoros son granos de arena o menores que se vaporizan por completo.
Un meteoroide entra a decenas de kilómetros por segundo. Ante él, el aire se comprime violentamente y se calienta, y la partícula se vaporiza dejando un rastro de gas incandescente a unos cien kilómetros de altura. El destello dura apenas uno o dos segundos.
Los cometas son cuerpos de hielo, polvo y roca que orbitan el Sol, a menudo en trayectorias muy alargadas. Al acercarse al Sol, el hielo se sublima y libera gas y polvo, formando la coma y las colas que los hacen espectaculares. Muchos provienen de regiones lejanas como el cinturón de Kuiper o la nube de Oort.
Cada vez que un cometa pasa cerca del Sol deja una estela de partículas a lo largo de su órbita. Si la órbita de la Tierra cruza esa estela, las partículas entran en la atmósfera en grupo, siguiendo trayectorias paralelas que, por efecto de perspectiva, parecen divergir de un punto del cielo llamado radiante. La lluvia toma el nombre de la constelación donde se encuentra.
En octubre se observan las Oriónidas, asociadas al cometa Halley, con su máximo en la segunda mitad del mes. Las Dracónidas, a principios de mes, provienen de un cometa distinto y su actividad es muy variable. En noviembre llegan las Táuridas y las Leónidas, estas últimas famosas por tormentas históricas.
No necesitas telescopio ni binoculares. Busca un lugar oscuro, lejos de luces urbanas, con buena vista al cielo abierto. Acuéstate cómodamente, deja que tus ojos se adapten a la oscuridad durante unos veinte minutos y mira hacia amplios sectores del cielo. Lo mejor son las horas posteriores a la medianoche, y es útil consultar la fase de la Luna, pues una Luna brillante reduce lo que se ve.
Los meteoros de lluvias son inofensivos. Ocasionalmente, objetos mayores producen bólidos brillantes que pueden dejar meteoritos. Cada año caen toneladas de material del espacio a la Tierra, sobre todo en forma de polvo fino.
El cometa Halley es el más famoso: regresa cada setenta y seis años aproximadamente y su última visita fue en 1986; volverá en 2061. Edmond Halley calculó su órbita en el siglo diecisiete y predijo su regreso, un triunfo de la mecánica newtoniana. Las partículas que deja a su paso producen dos lluvias de meteoros cada año: las Eta Acuáridas, en mayo, y las Oriónidas, en octubre. Así, aunque el cometa esté lejos, su rastro nos visita todos los años.
Las lluvias de meteoros son un espectáculo gratuito y accesible para cualquiera. Mirar el cielo una noche despejada es una forma sencilla de conectar con la ciencia y con el vasto entorno cósmico que habitamos.