Cada semana se publican noticias de filtraciones de datos y cuentas vulneradas. Aunque los ataques pueden ser sofisticados, una gran parte de los incidentes se aprovecha de errores muy básicos, como contraseñas débiles o repetidas. La buena noticia es que unos pocos hábitos reducen enormemente el riesgo.
Los atacantes no suelen adivinar contraseñas una por una a mano. Usan programas que prueban millones de combinaciones por segundo y listas de claves ya filtradas en incidentes anteriores. Si usas la misma contraseña en varios sitios, la filtración de uno de ellos pone en riesgo todos los demás, una técnica conocida como relleno de credenciales.
Lo que más importa es la longitud y la imprevisibilidad. Una frase larga formada por varias palabras sin relación entre sí, de dieciséis caracteres o más, es más segura y más fácil de recordar que una clave corta con símbolos rebuscados. Evita datos personales como fechas de nacimiento, nombres de mascotas o secuencias como una serie de números consecutivos. Y sobre todo, usa una contraseña distinta para cada servicio.
Recordar decenas de claves largas y únicas es imposible, y ahí entra el gestor de contraseñas. Es una aplicación que genera y almacena claves de forma cifrada, protegidas por una sola contraseña maestra que sí debes memorizar y que debe ser muy sólida. Los gestores también completan automáticamente los formularios y alertan si alguna de tus cuentas aparece en una filtración conocida.
La autenticación en dos pasos añade una segunda barrera: además de la contraseña, se pide algo que solo tú tienes, como un código temporal generado por una aplicación o una llave de seguridad física. Aunque alguien robe tu clave, no podrá entrar sin ese segundo elemento. Los mensajes de texto son mejor que nada, pero las aplicaciones de autenticación y las llaves físicas ofrecen mayor protección frente a ataques como el cambio fraudulento de número telefónico.
Mantén actualizados el sistema operativo, el navegador y las aplicaciones, porque las actualizaciones corrigen vulnerabilidades. Desconfía de mensajes que generan urgencia y piden datos o clics, ya que el engaño sigue siendo el método de ataque más común. Haz copias de seguridad de tu información importante y revisa los permisos que concedes a las aplicaciones.
Cambia de inmediato la contraseña de la cuenta afectada y de cualquier otra donde la hayas repetido, cierra las sesiones abiertas, activa la verificación en dos pasos y revisa si hay movimientos extraños. Si se trata de una cuenta bancaria, contacta a la institución cuanto antes.
Una tendencia creciente reemplaza las contraseñas por llaves de acceso, que usan criptografía de clave pública. Tu dispositivo guarda una clave privada que nunca sale de él y el sitio solo conoce la clave pública. Para iniciar sesión basta confirmar con tu huella o tu rostro. Al no existir una contraseña que robar, estos sistemas resisten muy bien el phishing.
Evita realizar operaciones sensibles en redes wifi abiertas sin protección. Si debes usarlas, confirma que los sitios usen HTTPS y considera una conexión privada virtual de un proveedor confiable. Desactiva la conexión automática a redes desconocidas y mantén el cortafuegos activo.
La seguridad perfecta no existe, pero sí es posible volverse un objetivo mucho más difícil. Con contraseñas únicas, un gestor y un segundo factor de autenticación, ya estás por delante de la gran mayoría de los usuarios.